Había una vez un niño que
se encontró con un ángel en el espacio de arena que había en el parque donde él
se encontraba.
El ángel se le acercó y
le preguntó:
-
¿Amas a mucha
gente, verdad?
El niño le miró y le
dijo:
-
Sí – moviendo
la cabeza afirmándolo.
De repente el ángel
desapareció viendo el niño una luz que se elevaba.
Cuando el niño, más
adelante se estaba columpiando, lo volvió a ver en el columpio de al lado.
-
Te gusta
jugar mucho a ti – le dijo el ángel.
-
Sí – le dijo
el niño mientras giraba su cabeza al columpio de su derecha. Lo miró y vio una
luz que le rodeaba.
-
¿Cómo es que
tienes luz? – le preguntó el niño al ángel.
-
Porque yo
también amo a mucha gente y me gusta pasármelo bien- le respondió. Cuando más ames
y te ames también a ti, con el tiempo irás viendo la Luz que tú tendrás.
-
¿Y ahora por
qué no la veo? – le preguntó el niño.
-
Todavía debes
de sentir mucho más el amor en ti, al sentirte amado por aquellos que te rodeen
y jueguen contigo, y con los ángeles que siempre han estado contigo.
-
¿Los ángeles?
¿Dónde están los ángeles?
-
Ellos siempre
han estado contigo desde el primer día que naciste y estuviste con tu padre y
tu madre, lo que pasa, que no siempre uno se da cuenta de ellos, porque para
verlos, uno se ha de amar y sentirse muy bien con ellos. ¿Te sientes amado
ahora aquí conmigo?
-
Sí, me siento
muy bien – le respondió el niño.
-
Entonces si
cada día te sientes así de bien, llegará el momento que llegarás a conocer a
los ángeles, y a lo mejor, también a verlos. Tú eres un niño muy importante y
sabes hacer muchas cosas bien. Continúa haciéndolas y verás que uno no se debe
de enfadar nunca porque tú eres una gran persona, un niño precioso. Sabes amar
y hacer abrazos. Los abrazos ayudan a sentirse bien y a hacer amigos. Cuando se
hace un abrazo se transmite el amor a la otra persona y su amor hacia ti
también.
Dicho esto, el niño quiso
bajar del columpio y hacer un abrazo a aquel ser de luz.
El ángel detuvo su
columpio también, y bajó de él acercándose al niño, haciéndose un gran abrazo
los dos juntos.
El niño puso una cara de
sentirse amado y de un gran bienestar.
Habiéndose abrazado, el niño se dio cuenta que aquel ser desapareció de sus brazos viendo como aquella Luz le rodeaba y en espiral se elevó hasta convertirse en un pájaro, alejándose volando.
Procura dejar que tu niño
interior sienta el amor dentro de él. Así sentirás tu esencia y el gran
bienestar que todos lleváis dentro y sentís cuando abrís vuestro corazón.
Tú eres Luz, Amor y
Alegría.
Deja que tu niño/a
interior se manifieste.

