jueves, 12 de noviembre de 2015

Todo tiene un sentido

Veo alejarse su cuerpo mostrando el desgaste del “no ser”.
Veo como su alma se resigna por las decisiones no tomadas a lo largo de su vida.
Una mujer, en medio de un declive humano y amada por los que le rodean, continua su proceso, ahora ya no controlable por su ser.
A lo largo de sus pasos, de su andar, ahora llega a una incapacidad por la negativa de no escuchar a su corazón a lo largo de los años. Su paseo ya no es el que era.
Estoy a su lado. Río con ella y mi corazón abraza su pasado que la ha llevado hasta el presente tal como es.
Su andar cojea hacia la derecha cuando sus pies se desplazan hacia donde deben de ir.
Amo a una mujer. La abrazo a menudo y siento mi amor hacia ella. Decirle ya no tiene mucho sentido, porque la voz que puede llegarle se olvida en el mismo momento que la escucha. Sólo su alma es consciente de lo recibido.
Ahora, vive el presente. ¡Por fin! Con todo lo que esto representa, a pesar de que ella no es consciente de este ahora. Lo vive, pero no por ella, sino por quien la rodea. Ha vivido toda su vida actual acompañada por alguien que la ha llevado a creer en el tiempo. El pasado y futuro han sido sus guías a lo largo de su pasarela existencial.
Mantenida al margen de la consciencia individual,  ha necesitado lo que ahora vive para salirse del tiempo y quedar sola ante el presente.  Solo existe el presente en su vida. Nada recuerda. Nada le preocupa, dándose cuenta exclusivamente de lo que vive y siente en el ahora.
Actúa espontáneamente, de una manera ilusoria debido al mundo que se ha creado y encerrado en él. Vive en una irrealidad distorsionada por el aposentamiento de su pasado en sus células, ignorado ahora por ella y reaccionando según las emociones no expresadas a lo largo de los años. Todo y así, está más tranquila, alegre y sonriente.
La situación tiene su sentido.
Cuando la consciencia espiritual se ausenta, predomina y te guía la racional. En el punto llegado, esta bella alma en un cuerpo de mujer de avanzada edad, el raciocinio está desapareciendo hasta la nada. Vivir a través de las rutinas, el olvido y lo obsoleto te lleva a una dependencia y a ciertas pataletas interiores debido al “¿y por qué a mí? ¡Pobre de mí!
No hay conversaciones sobre lo vivido, ni opiniones sobre el presente o decisiones sobre lo qué hacer porque no encuentra las palabras a decir, un criterio sobre los hechos, ni una atención sobre lo que quiere. Todo esto está desapareciendo aceleradamente. El tiempo nos va indicando el grado de su proceso. A medida que van pasando las semanas, los días, está dejando de ser quien es para mostrarse y sencillamente estar.
Quiere lo mejor para todos, teniendo un gran sentimiento de estima, protección y cuidado para los niños pequeños, recordando en su inconsciente cuando era niña y le cortaron las alas. Ahora no quiere que ningún niño deje de volar y no padezca. Está muy sensible a cualquier imagen o noticia sobre niños o niñas que lo pasan muy mal o han abusado de ellos/as.
Esta mujer está viviendo el presente, sintiéndose amada y apoyada por aquellos que viven con ella; todo y así, sus expresiones provienen del pasado.
Amo y acompaño a una mujer que ya no decide, solo está en el presente, dejándose llevar como una hoja por la brisa. Nada se plantea. Nada propone, recelando de todo aquello que puede ser nuevo en su vida. Ningún paso da hacia ella misma, estando sometida, por su pasividad, a quien accedió a compartir su vida y crear una familia.
Siento compasión, aceptación, respeto y amor por su proceso creado para elevar su alma. Una mujer que vive, en estos momentos, desde el sentimiento y las emociones que son pautas básicas para vivir el presente. Su vida tiene que ver con lo que siente y cómo se encuentra. Lo demás, parece no existir. Mis recuerdos, todo y así, traen del pasado todo lo que ha hecho por los demás y su dedicación a la familia.
Hay una parte de mí que agradece su presencia tal como fue, a pesar que haya llegado hasta el punto que se encuentra. Ha conseguido invertir su vida. Ahora hace que ésta haga que todo lo que ha dado a los demás, lo reciba de ellos, a través de las atenciones, decisiones y dedicación. Los términos se han invertido: antes “ella era como si no existiese”, y ahora, “es la atención” de aquellos que la aman.
¡Hay tanto aprendizaje en esta situación!
Gracias amada mujer, porque sin ti, yo no sería tal como ahora soy.
Veo a una mujer que se va alejando cada vez más de quien era, sintiendo la alegría de su alma para finalizar su proceso.
Su estado tiene un sentido superior, tanto para ella, como para quien convive con ella. Les fortalece y les hace aceptar una realidad no querida y desde el corazón.
¡Qué gran maestra, amada mujer, al ofrecerte como voluntaria en un ambiente rígido, mental y racional hasta los niveles más altos! Desde que quisiste “amar y sanar” una situación que no era la tuya, con lo que estás viviendo interiormente, el ambiente se ha flexibilizado y se ha aceptado sin dramatismo, haciendo que aquello que has estado dando en la vida, de alguna manera se te retorne. Ahora están por ti. Ahora velan por ti y te tienen presente como no te han tenido hasta ahora, reorganizando sus vidas para incluirte de una manera muy consciente. Ya no se te puede dejar sola en la mayor parte del día. 
Te amo, y veo como ahora, con aquel quien ha compartido su vida contigo, os estáis uniendo desde el corazón, no desde el papel de hombre que trabaja y mujer que atiende a su familia. Ahora os estáis uniendo desde el corazón, que es donde reside el verdadero amor. Ahora ya no os complementáis. Ahora os acercáis y os unís.
Mi alma abraza a la tuya, a la vuestra, amada pareja.
Sin ser consciente aportas tu maestría aquí donde estás, expresando a los cuatro vientos que lo más importante es el PRESENTE, porque es el único momento que existe; que el tiempo no existe, y que viviendo desde el corazón es cuando crearemos VIDA y podremos manifestar el AMOR que todos somos.

El alzheimer es un gran maestro amoroso para el alma.

Gracias por ser y estar, amada mujer. Gracias.
Mi Amor está en ti y en vosotros dos.

La sanación continúa. Todo tiene un sentido.


miércoles, 4 de noviembre de 2015

¿De dónde venimos?

Como en la mayoría de los días, uno de los  maestros paseaba por los jardines de su monasterio.
Un discípulo lo vio a lo lejos y se le acercó corriendo para estar a su lado y preguntarle una de sus dudas o reflexiones que no llegaba a encontrar una respuesta adecuada según él.
Cuando estuvo a su lado saludó a su mentor diciendo:
-         Buenas tardes maestro.
-         ¿A qué viene este correr hasta mi persona?
-         Maestro, quiero hacerle una pregunta.
El maestro, sin dejar de pasear, miró al joven y le sonrió.
-         Bueno, si has cruzado todo el jardín para venir hasta aquí, debe de ser importante lo que quieres saber.
-         Sí, maestro. Hace tiempo que a veces tengo la sensación que no soy de aquí.
El maestro le escuchaba atentamente siguiendo su camino.
-         Es como si estuviera aquí, en esta tierra, pero no fuera de ella. A veces tengo la sensación que estoy en un lugar que no me corresponde, como si no fuera este mi hogar. Es algo que no sé cómo explicarlo, pero es lo que siento. Parece como si tuviera este cuerpo, pero no es mi cuerpo. Tengo una imagen, pero yo no me identifico con esta imagen. Es como si alguien estuviera en un cuerpo pero no fuera de este mundo. ¿Podría poner un poco de luz en mi interior, maestro?
-         La hoja de un árbol, antes de ser hoja, ¿dónde está?
-         Dentro de la semilla del árbol.
-         Así es, amada alma. Al crecer la semilla, se va creando el árbol, y al manifestarse, permite que las hojas salgan y muestren todo su resplandor. ¿La hoja es el árbol?
-         No maestro, sino una parte de él.
-         Eso es. Tus palabras saben del camino de tu respuesta. La hoja es una parte del todo que permite recoger la luz del sol y permitir que todo lo que este árbol pueda florecer y dar, así sea. Tiene su función, su papel a realizar, y aparentemente, sólo es una hoja.
-        
-         Llega el día que esta hoja se marchita y deja el árbol. Se deja llevar por la brisa de aquel día y llega a otro lugar para abonar la tierra. Ayuda a la tierra fértil para que, como su árbol, en su momento pueda brotar y florecer aquel espacio de tierra en el cual fue llevada. (Pausa). De alguna manera, tú eres esta hoja. Perteneces a la esencia de la creación que adobas allí donde estás, y a la vez, sigues tu curso para llegar a mostrar la belleza que eres.
-         ¿Por eso me siento extraño?
-         Tu consciencia te va mostrando el camino, y tú vas viendo la luz del mismo. Sabes de tu aprendizaje, pero no siempre entiendes tu transmisión a los demás.
-        
-         Eres adobo, savia nueva para aquellos que te rodean. Estás aprendiendo a ver la luz en ti. Tu esencia, como la de toda alma, no es materia, sino un apoyo para las otras almas, y juntas poder elevar nuestro sentido existencial.
Después de una pequeña pausa, mirando el discípulo a ninguna parte y por momentos con la mirada profunda y perdida, mira a su maestro y le dice:
-         Entonces, maestro, usted también es una hoja que en estos momentos está adobando mi alma.
-         Eso es – dijo asintiendo con la cabeza.
-         Y los maestros que tuvo, alimentaron la suya.
-         Exacto – dijo sonriendo.
Después de una nueva pausa, el joven añadió:
-         Si todos estamos aquí para abonar a las otras almas, quiere decir que todos pertenecemos a algo superior, ¿es cierto?
-         Sí, así es – le respondió el venerable.
-         Si todos pertenecemos a algo superior – continuó el discípulo, quiere decir que no somos de aquí, sino que nuestro hogar pertenece fuera de este mundo y que venimos a aquí para ayudar a los demás – dijo como si estuviera reflexionando en voz alta.
De repente detuvo sus explicaciones y mirando al maestro que estaba a su lado dijo:
-         ¿Y de dónde venimos?
-         Cuando ves un campo lleno de flores, con sus diversos colores, el valle en la puesta del sol, o escuchas las melodías de los pájaros por la mañana, ¿qué ves, qué sientes?
Tomándose un pequeño instante como si se lo estuviera pensando, hizo una pequeña sonrisa y luego dijo contento:
-         Amor.
-         Eso es, amada alma. ¿Entiendes ahora por qué has venido a este mundo?
-         Para sentir el amor e irradiarlo – respondió.  
-         Veo que has entendido y tú mismo te has respondido a tu pregunta. Es el amor que hay en ti que hace que tú, como hoja, muestres tu resplandor y abones la tierra donde tus pies se encuentren.

En estos momentos el discípulo hizo un paso adelante hasta ponerse ante su maestro. Hizo una salutación con la cabeza y se fue corriendo, tal como llegó.

El monje quiso reiniciar su paseo, cuando oyó una voz que le decía:
-         La hoja está a merced del amor, y siempre lo estará, ¿verdad?
El maestro se detuvo. Se giró y viendo a cierta distancia a su discípulo le sonrió, siendo él quien le hiciera, ahora, un saludo con la cabeza dándole a entender de la veracidad de las palabras expresadas por aquella alma despertando su consciencia.


Volvió a girarse y continuó su paseo. 

lunes, 2 de noviembre de 2015

Mi vida con los Ángeles

Aquí os presento esta charla, alegrándome por el hecho de poder estar nuevamente con todos aquellos que residís en Barcelona y entornos. A todos, un abrazo.