jueves, 31 de diciembre de 2015

Alzheimer



Los diagnósticos físicos son consecuencia del tratamiento superficial de los síntomas aparecidos en un ser humano. Cualquier deducción basada en la materia nos hace quedar a las puertas del verdadero sentido y causa de lo vivido.
Más allá de la forma y sus consecuencias, éstas están fundamentadas por unos principios emocionales que nos llevan a un bloqueo y unas consecuencias no queridas por parte de quien las padece.
Deducir que el alzheimer, entre otros aspectos, es fruto de un desgaste y pérdida de la memoria, de los recuerdos de la vida de uno, o como mínimo, de ciertos recuerdos, es banalizar la situación, digamos, de quien lo vive.
Teniendo presente que toda manifestación física es el resultado de una manera de ser y de sentir en relación a ciertos, o todos los aspectos de la vida, nos lleva a valorar la importancia de los sentimientos y sensaciones que habitan el interior de un ser humano. La comprensión de este interior nos llevará a una visión mucha más amplia de los síntomas etiquetados como alzheimer.

Hay unos puntos en común, unas semblanzas entre todos los que padecen esta sintomatología: parte de su pasado.
Cuando alguien llega a un punto donde el declive racional empieza a ser muy notable y acelerado, no es porque sí, teniendo presente que no todos los pacientes siguen el mismo ritmo ni el mismo proceso, manifestando los mismos síntomas, aunque muchos sí que coinciden. Cada uno es diferente, según su pasado. La aceleración de vivir en un mundo irreal no es la misma para todos. Su entorno es importante, según reaccione a tales manifestaciones.

Volviendo a las causas comunes entre todos los que manifiestan estas limitaciones mentales, entre otras, se encuentra su pasado.
Teniendo presente otros ejemplos y comparándolos entre sí, vemos que hay unos puntos en común que podríamos concentrarlos en tres, teniendo presente que cada uno de ellos contiene matices para entender mejor el diagnóstico médico. Estos puntos son:
1.       Padre dominante, teniendo presente, el paciente,  la figura masculina de su entorno como algo dominante, severo y rígido. Esto conlleva, muchas veces a tener una pareja que sigue este rol.
2.      El sentirse “poca cosa”, inferior a los demás, callando y obedeciendo por miedo a las reprimendas o equivocarse, debido que uno piensa que no lo hará bien y se equivocará y todos se darán cuenta, según él, de su poca valua o capacidad. Es el sentido de infravaloración.
3.      Anulación del propio ser. Ausencia de autoestima y pensar más en los demás que en uno mismo.

Estos son los aspectos más notables de una base para que en el día de mañana uno pueda empezar a manifestar los síntomas que se conocen como alzheimer.
Ante estas circunstancias, albergadas en su interior, el ser actúa siempre para agradar y sentirse valorado como tal. Cuanto más nos esforzamos en este sentido, más nos anulamos y tomamos el exterior como referencia de nuestra vida, alejándonos de nuestra esencia y nuestro ser, perdiendo todo el poder que podemos llegar a tener. Debido a esto, el proceso en la vida de uno no es agradable, almacenando resentimiento, sentido de culpabilidad, nula autoestima e impotencia por no llegar a ser nosotros mismos, debido que los demás pueden con nosotros. Hay un sentido de víctima albergado en el proceso.
Ante esta situación, se llega a veces, a no querer saber, inconscientemente, nada de nuestro pasado por el dolor emocional sufrido. Es este dolor emocional el que produce los bloqueos en nuestro cuerpo y la reacción de las partes físicas de nuestra biología.
Entonces, se llega al punto de “querer olvidar”. Uno se encierra en su mundo y deja de recordar. Al dejar de recordar, el pasado empieza a disiparse y a desaparecer de nuestra vida, pero sus raíces, sus reminiscencias emocionales se encuentran impregnadas en nuestro ADN, haciendo que reaccionemos según lo vivido pero sin saberlo. Actuamos por actuar, llegando a vivir exclusivamente el presente, sin más. El tiempo ya no existe. Pasado y futuro dejan de tener sentido y espacio en nuestra vida. Solo existe el presente viviendo con el pasado que dirige nuestras vidas. Actúas y no sabes el por qué los demás reaccionan hacia ti de la manera que lo hacen. No entiendes, la mayoría de las veces sus reacciones porque no tienes recuerdos, solo las creencias de un pasado limitado como víctima te hacen reaccionar así pensando que es lo adecuado a hacer.
Cuando solo existe el presente dando de la mano al pasado, la vida deja de entenderse y solo puedes llegar a sentir si estás bien o no, si tu pasado se remueve en ti o no; es decir, la aparición de los enfados, los momentos como de histeria debido a la impotencia acumulada en tu interior de no hacer las cosas bien para que los demás no denoten tu complejo de inferioridad y poca cosa.
Lo que se conoce como alzheimer no es contagioso, pero sí las creencias y las actitudes de nuestra familia y de cómo reaccionamos nosotros a nuestro exterior, nuestro entorno. Estas creencias no siempre sintonizan con lo que tú sientes, y en su momento, se decide hacer caso y actuar según los demás y no según sentimos nosotros. Nos vamos anulando cada vez más. Tengo que decir, que las personas más sensibles, son las que, actuando así, pueden llegar a unas manifestaciones que, con el tiempo, pueden llegar a diagnosticarse como alzheimer.

Es la ausencia de autoestima, el no ser tú desde la infancia y el no mostrarte tal como tú eres, lo que puede llevarte a este diagnóstico. Los casos que he podido llegar a conocer, proceden de una familia, un padre muy rígido, dominante, inflexible y autoritario. Cuanto más sensible sea la persona, más propensa estará a poder manifestar los primeros síntomas con los años.
Todo y así, podemos invertir esta situación si a lo largo de nuestra vida empezamos a dar pasos hacia nosotros. Si el ser no quiere y no hace nada para él mismo, puede desembocar en un estado de declive mental que le irá carcomiendo y limitándolo cada vez más hasta convertirse en un ser vegetal, donde ya nada puede llegar a controlar.
Pierde todo criterio porque siempre ha dependido de lo que los demás dicen.
Su vida es un descontrol absoluto, haciendo ver que todo lo controla, pero nada más lejos de la realidad.
Crea su propio mundo, con sus expresiones tópicas para relacionarse o dar a conocer que él o ella está en todo y todo lo sabe hacer.
Es el pasado incrustado en nuestro interior quien guía y dirige los pasos de quienes padecen esta etiqueta. No son ellos, y cada vez menos, alejándose de sus esencias para convertirse en seres que sencillamente están. Sin más. Es una manera de querer olvidar lo vivido y empezar de nuevo, dejando este mundo porque no es el que ellos sienten en su interior, pero ven que no pueden hacerlo.
Sus vidas se apagan por momentos. Sus actos ya no son coherentes y sus palabras una justificación desesperada para que los tomemos en serio. Cada vez se sienten más con ellos mismos, encerrados, dejando que su exterior, al igual que de pequeños, en su infancia y juventud, decida por ellos. Al final, es literal y así es.
Dejan su mente para centrarse en su corazón.
Dejan el raciocinio para adentrarse en lo que sienten. Sólo saben si su estado es “bien o mal”. Solo viven en el presente. No hay otro momento.
A pesar de todo esto, aunque parezca contradictorio, ellos pueden vivir más relajadamente porque ya nada les preocupa. La preocupación es tiempo, es decir, pasado y futuro, pero como se han estancado en él y viven siempre en el presente, si su entorno es el adecuado, pueden vivir más relajados y, no tan solo sonreír, sino el hecho de reír juntos más asiduamente.
En estos casos de llegar a un punto notable de decadencia mental, el apoyo y el hábitat donde viven es básico. Solo el Amor puede ver la situación desde el aprendizaje y cariño. Solo el Amor puede desdramatizar la situación y vivirla desde la naturalidad. Entender al paciente te hace ver su experiencia desde otra visión, la visión desde el corazón. Entonces, desde aquí, solo os podréis acercar y comprender lo que el otro vive, sin compasión terrenal de “¡oh, pobre!, solo desde la compasión de aceptación y respeto hacia la otra persona. No viéndola como alguien que no puede, sino apreciando su esencia divina, y sus sentimientos amorosos todavía activos. Estos se encuentran activados hasta su final, pero debido a la falta de consciencia, se aleja de su saber divino.
Por otros escritos al respecto sobre el alzheimer, mi ser vive momentos de este declive por parte de alguien amado. Siento su impotencia interior de no ser correspondido y valorado por lo que es. A lo largo de su vida le han ido cortando las alas y, ahora, en su vejez, su mente no quiere continuar teniendo presente lo que ha permitido vivir que le ha llevado a una situación de, sencillamente ser y estar.

Siento un gran respeto por este ser y me ha permitido poder tener un aprendizaje al respecto de la sintomatología manifestada. Esta alma, una gran maestra está siendo, no tan solo para mí, sino para todos aquellos que con ella conviven o se relacionan.
Ella, nada de esto sabe, porque en su presente solo aprecia si hace sol o llueve, si hace frío o calor, si alguien la ama o no.

Mi amor está contigo y deseo que tu alma, en el momento determinado se dará cuenta que el Amor lo puede todo, incluso hacia uno mismo. Cuando el Amor es desinteresado obra milagros, cuando damos o nos ofrecemos contra nuestra propia voluntad, aparentemente, nos morimos y anulamos en esta vida. Por eso, cuando llegue tu momento, amada alma, sabrás la verdad de tu situación y la de todos aquellos que te hemos rodeado a lo largo de los años parte de tu camino.

Gracias por ser y estar en mi vida en estos momentos.
Mi Amor está contigo.
No estás sola, amada alma que vive el presente guiada por tu pasado.

Que el Amor y la Paz sean en ti, pudiendo sentir el sosiego de la presencia de quienes te rodean. Ellos también están aprendiendo de ti.


Gracias. 

3 comentarios:

Emma Amme dijo...

Un abrazo muy fuerte Jordi, de Corazón a Corazón

Emma

Jordi Morella dijo...

Gracias Emma. Otro para ti.

dolors toran dijo...

Una abraçada de tot cor Jordi.
Lola